Iruya, el pueblo que desciende de la montaña en Salta

A sólo 70 kilómetros de Humahuaca, se trata de un lugar tan perdido en medio de la naturaleza como solemne, un poblado de casitas de adobe, en el que se conservaron hasta el día de hoy rasgos de la cultura de los pueblos originarios del lugar.



La localidad se encuentra ubicada a 320 km de la ciudad de Salta, a 2780 msnm, rodeado por los ríos Colanzulí y Milmahuasi, solo se accede por la provincia de Jujuy. Llegar hasta allá arriba no es tarea sencilla, el camino exige cierta experiencia por parte el conductor y se aconseja un vehículo todo terreno, se transitan zonas de cornisa, se deben cruzar ríos y no es poco común que en las zonas altas del recorrido haya nieblas densas que reducen la visibilidad. También existen dos empresas de colectivos que realizan recorridos diarios de la ciudad de Humahuaca a Iruya y viceversa.


Para ingresar a Iruya debemos hacerlo a través de la ciudad de Humahuaca, por la RN 9 se recorren unos 26 km hasta empalmar con la ruta provincial 13, donde un cartel anuncia el camino de tierra, surcado por arroyos. Luego se desvía de la ruta 9 hacia el este (el desvío está señalizado), tomando este camino, se deben recorrer aún 54 km. aproximadamente pasando por Iturbe y luego por el paraje Abra del Cóndor, un hito a 4.000 metros de altura que divide las provincias de Salta y Jujuy.



De allí en adelante se puede empezar a percibir un cambio progresivo en el clima, flora e incluso fauna, empieza el descenso, con el valle abriéndose hasta nunca acabar, acanalado por vistas portentosas, curvas y contracurvas, A partir del abra, quedan 20 kilómetros de descenso aprox. hasta llegar al pueblo, a 2800 s.n.m.


Una vez llegados, encontraremos, el pequeño campanario de techo celeste de la iglesia de San Roque y Nuestra Señora del Rosario y, justo debajo, el nombre del destino escrito en la piedra, a partir de allí todo es peatonal y el paso se ralentiza. Enclavado en la montaña, con sus casitas hechas de adobe, piedra y paja, el poblado posee de fuertes raíces collas, un estilo colonial se entremezcla con paisajes imponentes y únicos en el país.


Las veredas horizontales no existe, al caminar por sus calles angostas y empedradas se tiene la certera sensación de estar ascendiendo o descendiendo de la montaña, dada la inclinación del terreno. Iruya es muy distinto a cualquier otro, delante de la iglesia no hay una plaza, sino un muro de pircas que hace de Guardia Suiza frente a las subidas furiosas del río.



Es uno de los lugares más pintorescos de Salta, se caracteriza por la tranquilidad de los lugareños, en los alrededores los cerros despliegan colores en una sinfonía mineral, muchos viajeros llegan en búsqueda de un paisaje asombroso, una experiencia distinta. Sus alrededores están dentro de la reserva de biosfera de las Yungas, protegida por la Unesco desde 2002, en 1995 fue declarado lugar histórico nacional.


Fue fundado en 1753, pero la presencia de habitantes se remonta a un siglo antes. El carnaval y las ofrendas a la Pachamama son momentos claves para el lugar, donde la tradición de este antiguo pueblo colla sale a relucir. También el primer domingo de octubre se celebra el día de la Virgen de Nuestra Señora del Rosario, patrona del Iruya.


La gastronomía conserva las tradiciones salteñas: empanadas, locro, tamales, pero se agregan otras particularidades, como la quinoa, las distintas variedades de papa andina y los asados de llama, cordero y cerdo. En San Isidro, además, se pueden degustar licores artesanales en base de menta, anís muña-muña, cedrón y chicha de maíz.

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